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Tocqueville (o las paradojas de la democracia moderna)

Alexis de TocquevilleParte de la generación decimonónica, Alexis de Tocqueville centró su atención en el estudio de la democracia, aquel fenómeno que trascendía las barreras del tiempo y que, indudablemente, representaba una de las pasiones de la sociedad moderna. Para desentrañar su naturaleza, el pensador francés observó el hecho democrático en su forma más idealizada, esto es, en la sociedad estadounidense, y condensó su filosofía política en la obra La democracia en América.

I.
El conocimiento profundo de su objeto de estudio, no obstante, estriba en el análisis anterior de dos elementos directrices: la igualdad y la libertad. Para Tocqueville, la igualdad es una de las condiciones de primer orden que se desarrollan en las sociedades modernas y, necesariamente, es uno de los motores fundamentales que impulsa este fenómeno, aunque no es el único factor que moldea su naturaleza. Así, conforme el orden social avance hacia la democracia, el rompimiento de las barreras de la desigualdad se hará cada vez más patente.

Al igual que su contemporáneo Benjamin Constant, Tocqueville apunta las características de la sociedad democrática emergente en el siglo XIX. Ambos pensadores denotan la condición atomista en la que subyace el cuerpo social, resultado directo de la superación de las inequidades sociales existentes; de igual manera, hace hincapié en el fuerte sentimiento de indiferencia y de independencia que prevalece entre sus miembros, mismo que, las más de las veces, los convierte en individuos egoístas y aislados si se le lleva al extremo.

Este concepto de igualdad que planeta el pensador francés apunta a la existencia de algunas paradojas, entre las que destacan tres. En primer lugar, los individuos de las sociedades democráticas, al traspasar las barreras de la inequidad, se encierran en su minúsculo círculo privado y se ocupan de su propio bienestar. Esto conlleva a una idolatría de los bienes materiales y a la preferencia de la igualdad sobre la libertad, pues sus beneficios son más visibles.

Tocqueville y la tiranía

En consecuencia, los individuos prefieren rendir su libertad política siempre y cuando se respete su condición de igualdad. Ante esta circunstancia, el hombre se ensimisma en la mediocridad y en la obtención y goce del bienestar material en su totalidad. La genialidad tocquevilliana versa en el descubrimiento de la posibilidad latente de un régimen tiránico a partir del trastorno público por la igualdad; de esta suerte, el pensador francés introduce la tiranía moderna como el resultado del “depravado gusto por la igualdad” que se alcanza en la sociedad democrática.

II.
¿Cómo es posible que se desarrolle un régimen tiránico en una sociedad de iguales? Los argumentos de Tocqueville, al respecto, son sólidos. Por un lado, el subyacente atomismo debilita a cada individuo en su haber político, por lo que para los fines públicos se puede considerar un ser inerte; por el otro lado, el nuevo déspota usa a su favor el individualismo de la sociedad para alejar de sí a los hombres y evitar que generen un vínculo que los fortalezca. Finalmente, es factible argüir que la sociedad misma se tiraniza al rendir su libertad política en detrimento de la igualdad.

Tocqueville estima que la igualdad puede llegar a ser la perdición de la sociedad; sin embargo, preconiza que la solución a estos “males democráticos” estriba en el resurgimiento de la libertad política, la cual reestablece el sentido de interdependencia entre sujetos y anula, hasta cierto grado, la centralización del gobierno que ha debilitado y fragmentado al individuo y a su sociedad. De esta manera, la respuesta reside en la práctica de “recursos democráticos” que avivan y acentúan el vínculo social.

La democracia en América

III.
Aunque no intenta prescribir la fórmula americana, pues arguye que la cultura política de occidente es muy distinta a la europea, los elementos que resalta se asemejan a las instituciones estadounidenses. Para Tocqueville, la autonomía local y la libertad de prensa son claves fundamentales para disminuir el poder del gobierno centralizado, pues interconectan a los individuos y los obligan a intervenir directamente en las responsabilidades públicas (Constant ya había vaticinado este aspecto con anterioridad), transformando su egoísmo en favor del bien público.

Sin embargo, los elementos de mayor vitalidad para el pensador francés son las asociaciones (civiles, políticas) y la filosofía del interés bien entendido. En primer lugar, arguye que la capacidad para asociarse permite el reestablecimiento del vínculo comunal perdido ante el individualismo reinante y la protección de los derechos de las minorías; en últimas, las asociaciones son aparatos que permiten la conservación de la sociedad misma. En segundo lugar, la filosofía del interés bien entendido revela la condición de impotencia entre los hombres y pone de relieve la necesidad de entablar una relación de interdependencia con miras a lograr la realización de su interés.

Si bien Tocqueville no se mostró partidario de algún tipo de régimen en especial, su obra dejó entrever las debilidades y vicios que podría llegar a presentar un régimen democrático radicalizado. Ante esta situación, preconizó algunas fórmulas, igualmente democráticas, que evitaran caer en el peligro de la tiranía. Finalmente, se puede decir que, junto a Constant, es uno de los pensadores del siglo XIX que propone a las asociaciones como medios para salvaguardar el régimen y, en mayor medida, la sociedad.

BIBLIOGRAFÍA

·Lamberti, Jean-Claude, Tocqueville and the Two Democracies, trad. Arthur Goldhammer, Cambridge, Harvard University Press, 1989.
·Pope, Whitney, Alexis de Tocqueville: His Social and Political Theory, California, Sage, 1986.
·Tocqueville, Alexis de, La democracia en América, trad. Luis R. Cuéllar, México, Fondo de Cultura Económica, 1957.
·———————————, Correspondencia, trad. Hero Rodríguez Toro, México, Fondo de Cultura Económica, 1985.

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